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Hiperemia: definición, tipos y tratamientos

Por ESHE
el 03/06/2021
  • Enfermeria
  • Hiperemia

La hiperemia es el aumento de sangre en un órgano o tejido.

La sangre, impulsada por el corazón, se distribuye a través de las arterias y capilares por todo el organismo y regresa las venas, para, a través del proceso de oxigenación en los pulmones, convertirse de nuevo en sangre arterial. Se trata, por tanto, de un elemento fundamental para las funciones vitales.

Así, por ejemplo, influye en la función respiratoria, transportando el oxígeno y el dióxido de carbono, en la nutritiva, aportando sustancias de la digestión, inmunitaria o defensiva, protegiendo al organismo, en la reguladora, puesto que mantiene el equilibrio del agua en el organismo, temperatura corporal… 

Pero, ¿qué ocurre cuando la sangre no circula correctamente por las arterias? ¿Y cuándo hay un exceso de sangre en un órgano o tejido? Esto último es lo que se conoce como hiperemia y, a lo largo de este artículo, vamos a contarte todo lo que necesitas saber sobre ella.

 

¿Qué es la hiperemia?

La hiperemia es el aumento de sangre en un órgano o tejido. Cuando el exceso de sangre se produce fuera del sistema vascular, ya sea por un vaso sanguíneo roto o por una lesión, se conoce como hemorragia.

Aumento de sangre en el organismo.A veces, la hiperemia puede ser causada por una enfermedad, una señal de que algo grave está sucediendo en el cuerpo, pero, otras veces, es simplemente una respuesta física básica a la actividad del cuerpo. Lo cierto es que la acumulación de sangre puede presentarse como un área inflamada, enrojecida, dolorosa y con pérdida de función.

Es importante conocer estos signos para saber qué tipo de hiperemia tiene una persona, puesto que este determinará el tipo de complicaciones que pueden ocurrir.

 

Causas y tipos de hiperemia

Para hablar sobre las causas de la hiperemia, tenemos que identificar antes los tipos que hay, puesto que cada uno tiene una causa diferente. Existen dos tipos de hiperemia: hiperemia activa e hiperemia pasiva.

La hiperemia activa, causa fiebreLa hiperemia activa está causada por un aumento del flujo de sangre en los órganos. Esto suele ocurrir cuando los órganos necesitan más sangre de lo habitual, lo que provoca que los vasos sanguíneos se ensanchen para aumentar el suministro de sangre que fluye hacia adentro.

¿Qué puede causar este tipo de hiperemia? En primer lugar, el ejercicio. Cuando se realiza ejercicio, el corazón y los músculos necesitan más sangre y oxígeno. La sangre se apresura a estos órganos con el objetivo de suministrarles oxígeno adicional y, lo cierto, es que los músculos pueden llegar a necesitar hasta 20 veces más su suministro normal durante un entrenamiento.  

Otra de las acciones que puede provocar este tipo de hiperemia es el calor y la fiebre. Cuando la temperatura corporal aumenta, fluye sangre adicional a la piel para ayudar al cuerpo a liberar ese exceso de calor. La digestión también puede provocar hiperemia, ya que, después de comer, el estómago y los intestinos necesitan más sangre para descomponer los alimentos y absorber los nutrientes.

Las mujeres que tienen menopausia, a menudo, también tienen sofocos, lo que provoca un torrente de sangre en la piel, especialmente en la cara, cuello y pecho. Esta también podría ser una causa de hiperemia activa. Algo parecido ocurre con la liberación de un bloqueo, un bloqueo o una restricción de una arteria o vena provocará un aumento del flujo sanguíneo hacia la zona afectada, por lo que, cuando se libere, llegará en una gran cantidad.

Por último, cuando ocurre una lesión, infección o inflamación, el cuerpo envía sangre al área para reparar la herida y combatirla. La sangre transporta importantes células inmunitarias que ayudan al cuerpo a repararse. Por eso, los traumatismos e infecciones graves pueden llegar a causar hiperemia e hinchazón graves.

La hiperemia pasiva, puede provocar una trombosis.La hiperemia pasiva se caracteriza por el aumento o acumulación de sangre que no se puede bombear a través del cuerpo, es decir, cuando la sangre no se puede drenar correctamente de un órgano y comienza a acumularse en los vasos sanguíneos. Esto ocurre debido a una enfermedad que causa un mal funcionamiento o un bloqueo en una arteria o vena.

Por ejemplo, si la persona padece insuficiencia cardíaca, puesto que, si el corazón no puede bombear sangre a través del cuerpo, esta puede acumularse y causar congestión en otros órganos, como el hígado, los riñones, el bazo o los pulmones. 

La principal causa de este tipo de hiperemia es la trombosis, es decir, un coágulo que se forma en una vena o en una arteria. Este coágulo bloquea el flujo sanguíneo y provoca la acumulación de sangre en un área. Esto se puede deber a huesos rotos, obesidad, ciertos medicamentos, inmovilidad, embarazo, diabetes, tabaquismo, alta presión sanguínea…

Así, las causas de la hiperemia pasiva incluyen dos tipos de trombosis: Trombosis venosa profunda (TVP), que es causada por un coágulo en las venas profundas, y la trombosis de la vena hepática (HVT), que es un bloqueo en las venas del hígado.

 

¿Cuáles son sus síntomas y tratamientos?

A la hora de realizar el diagnóstico, debemos tener en cuenta los diferentes síntomas que muestra el paciente. Además de que el profesional de la salud debe estar correctamente formado para poder hacer una detección precoz.

Por eso, se puede realizar un examen físico y tomar sus signos vitales, como su frecuencia cardíaca, presión arterial, niveles de oxígeno y temperatura.

Lo cierto es que, dependiendo del tipo de hiperemia, se pueden realizar pruebas o no. La hiperemia activa al ser una respuesta natural que ocurre cuando el cuerpo responde a una actividad, se puede diagnosticar a través de los síntomas y no se necesitan pruebas. Sin embargo, en la hiperemia pasiva, el profesional de la salud puede ordenar un análisis de sangre, ultrasonidos, prueba de esfuerzo con ejercicio o pruebas de imagen. De esta forma, comprobará la salud y la estructura de las arterias, venas y del corazón.

El tratamiento de la hiperemia son los medicamentos.Generalmente, los principales síntomas de la hiperemia son el enrojecimiento y el calor, aunque otros síntomas dependen de la causa del problema. Por ejemplo, si la persona tiene insuficiencia cardíaca, presentará dificultad para respirar, tos o sibilancias, hinchazón en el vientre, fatiga, pérdida de apetito, náuseas, confusión y latidos cardíacos acelerados.

Por su parte, los síntomas de la trombosis venosa profunda incluyen hinchazón y enrojecimiento de la pierna, dolor y calor, mientras que los de la trombosis de la vena hepática son dolor en la parte superior derecha del abdomen, hinchazón en las piernas y los tobillos y calambres en las piernas y los pies.

En cuanto al tratamiento, también variará según la causa de la hiperemia. En la activa, como hemos dicho anteriormente, es una respuesta natural, por lo que, generalmente, no necesita tratamiento, a menos que haya otros síntomas. Se trata de una respuesta saludable en el cuerpo y el flujo sanguíneo disminuirá una vez que se termina de hacer el ejercicio, se digiera la comida o no tenga calor. Además, la fiebre, lesiones, infecciones e inflamación se pueden tratar con medicamentos para aliviar los síntomas.

En el tratamiento para la hiperemia pasiva sí que se deben involucrar factores como el estilo de vida, medicamentos y dispositivos médicos: dieta saludable, dejar de fumar, ejercicio regular, bloqueadores beta, anticoagulantes, pérdida de peso…

Esto se debe a que, cuando hay hiperemia pasiva, el tratamiento aborda la causa que la provoca, es decir, la enfermedad, como la insuficiencia cardíaca o la trombosis.

Para la trombosis venosa profunda y la trombosis de la vena hepática, el tratamiento suele ser anticoagulantes, como heparina. Estos medicamentos evitan que el coágulo de sangre aumente de tamaño y, por tanto, que se produzcan nuevos coágulos. También se pueden usar medias de comprensión para detener la hinchazón.

¿Cómo se puede prevenir la hiperemia?

La hiperemia activa es una respuesta beneficiosa que ayuda al cuerpo a obtener oxígeno y nutrientes, por lo que nos debemos centrar en la hiperemia pasiva, que es la que tenemos que evitar y prevenir. ¿Cómo?  A través de un estilo de vida saludable.

Para evitar la hiperemia, debemos llevar un estilo de vida saludable

Tener una dieta saludable para el corazón, un control del consumo diario de líquidos, hacer ejercicio regularmente, perder peso si hay sobrepeso, dejar de fumar, evitar o limitar el consumo de alcohol y de cafeína, gestionar el estrés o descansar bien son algunas de las acciones que puedes llevar a cabo para tener una vida más saludable y prevenir la hiperemia pasiva.

 

Hiperemia conjuntival: ¿Qué es y cuáles son sus causas?

La hiperemia conjuntival es un síntoma en pacientes con Covid-19.La hiperemia conjuntival es un síntoma que ha tenido una gran repercusión en los últimos meses, puesto que se han notificado casos de esta patología en pacientes con Covid-19. De hecho, algunos autores indican en que las partículas virales de estos pacientes están en sus lágrimas y secreciones oculares, por lo que pueden contagiar mediante estas.

La hiperemia conjuntival se produce durante la inflamación ocular (conjuntivitis). Con la conjuntivitis, las histaminas se liberan en la sangre, lo que hace que los capilares se extiendan. En consecuencia, la conjuntiva se enrojece.

Así, este tipo de hiperemia se puede producir por diferentes causas y, en todos los casos, se manifiesta como un enrojecimiento de la esclerótica del ojo. Además del enrojecimiento, también suele ir acompañada de picor, lagrimeo y sensibilidad a la luz.

En la mayoría de los casos, la hiperemia conjuntival desaparece por sí sola, pero si persiste en el tiempo, es muy recomendable acudir al médico de cabecera para que examine la zona y establezca un tratamiento.  

Entre las causas más frecuentes de esta hiperemia se encuentra el viento, el polvo, el deslumbramiento o el uso de gafas cuando hay humo, entre otras.

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